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Papagayo, papalote o cometa: en busca de su origen

2012-11-09 07:44:16

Quién no recuerda esos vistosos y muy elegantes aparatos en el aire durante las tardes en las playas de Yucatán. Sí señores, hablamos de los famosos papagayos playeros, que durante mucho tiempo fueron el juguete y diversión de muchos de nosotros. Hoy en día, raramente vemos alguno de ellos papalotear por los aires, mirándonos desde las alturas y preguntándose ¿por qué ya nadie se dedica a correr con ellos?
De antes, niños, jóvenes, adultos y jóvenes de la tercera edad disfrutaban elevando los famosísimos papagayos, y muchos de nosotros construyéndolos y armándolos con “chilibes” de la “mata” de coco, papel embadurnado de pegamento a base de harina y con cola de trapo. ¡Qué tiempos aquellos! Pero ¿por qué papagayo, cuando lo castellano es cometa?
Papagayo es general en muchas partes de América Latina. En algunas partes de Venezuela, se llama cometa (elevar cometa), pero en San Cristóbal se distingue entre la cometa, de tres veradas (varillas de caña brava), y el papagayo, de dos, en forma de cruz (la distinción varía según las regiones). En cambio, en Trujillo no vuelan cometa ni papagayo sino volantín. Y aún hay otros nombres: petaca, zamuraca, barrilete (hexagonal, alargado en forma de barril); estrella (en forma estrellada; zamura, romboidal (en el Guárico); palometa (con débil armadura y flecos al viento); vandorga, (con dos varillas en forma de Cruz), etc.
Con la fuerza expansiva de la capital, el nombre de papagayo se está extendiendo por toda Venezuela. Don Santiago Key Ayala le dedicó un sabio librito (El juego del papagayo), en el que el aficionado puede aprender la ardua artesanía de su elaboración, la variada fantasía de las formas (“El hombre”, “El Barco”, “El Zeppelín”, etc.), la colocación de los frenillos, las virtudes de la cola o rabo y las mil artes para echarlo al aire y hacerle describir piruetas fantásticas en su atrevido vuelo.
Ese nombre de papagayo es viejo. El primer testimonio que encontramos es de Francisco de Miranda, el 7 de mayo de 1788. En su viaje por Holanda, al pasar por la ciudad de Zaandam, anota: “Muchas gentes y muchachos, que vuelan papagallos, se ven sobre la Diga”.
Ya el 14 de octubre de 1859, Miguel Carmona, uno de los primeros puristas de Venezuela, consideraba papagayo como palabra corrompida, y recomendaba en su lugar cometa, pájaro y pandorga. A pesar de opinión tan tajante, el papagayo ha continuado su vuelo triunfal, y cuando le llega su época domina en los cielos venezolanos. Y no sólo venezolanos. En Yucatán y Tabasco llaman papagayo un cometón o papalote con larga cola de trapo. En Cuba decía Pichardo, en el siglo pasado, que los papalotes pequeños, con tiras largas de trapo, se llamaban en la parte oriental cometas o volantines; en la central, chichiguas o birijitas; en la occidental, papagayos. Fuera de nuestra área del Caribe se conoce el papagayo en algunas partes de la Argentina (Segovia lo registraba en 1912); el nombre general es barrilete, pero en Córdoba, por ejemplo, llaman papagayo una cometa romboidal y pequeña. Y en Canarias (España), al menos en Tenerife, según Aquiles Díaz, se llama papagayo un cometa en forma de cruz.
Ese nombre es de origen portugués. El papagaio es general en Portugal y en el Brasil. Desde Portugal llegó a Canarias, y desde el Brasil penetró por las regiones fronterizas de la Argentina. Y evidentemente han sido los portugueses los que lo trajeron a Venezuela y a las zonas vecinas del Caribe ya en el siglo XVII o XVIII, quizá con el tráfico negrero. Sin duda el siglo XVII representa la época de difusión de la cometa por Europa, desde China y el lejano Oriente, donde tiene tradición milenaria. Miguel Acosta Saignes cita un testimonio de su existencia en la América inglesa ya en 1634. La noticia española más antigua que tenemos es la del Diccionario de Autoridades, de 1729.
Parece que era relativamente nuevo en la vida española. Como no había tradición, cada región adoptó un nombre distinto. Ya el diccionario académico de 1780 anotaba una serie: milocha (en Aragón), birlocha, bicha, pandero, pandorga, papacote, pájara, pájaro vitando (¿será errata por pájaro bitango?). Puede agregarse hoy sierpe en Asturias, cachirulo en Valencia, águila en Canarias, abilucho en Murcia, grúa o estel en Cataluña, capuchina en otras partes. No es, pues, extraña la multiplicación de nombres americanos, que responde en parte a la multiplicidad de formas.
El nombre castellano de cometa se debe evidentemente a la cola. Más sugestiva es la analogía con los pájaros o con el mundo animal. Así surgió el francés “cerf volant” o el italiano “cervo volante”. También el italiano “aquilone”, de aquila, el águila. O el alemán “drachen”, el dragón (toda la tradición china lo asocia con el dragón, que frecuentemente se dibuja en la cola). O el inglés “kite”, que en su origen era una especie de halcón. El mejicano papalote, extendido por las Antillas y parte de Centroamérica llegó como papelote, (aparente aumentativo del papel), procede del azteca papálotl, que es la mariposa. El papagayo, prolongación del papagaio portugués, evoca un pájaro de brillantes y vistosos colores, que es la versión oriental y europea de nuestra espléndida guacamaya americana.
No perdamos esa bella tradición de elevar papagayos en la playa.

Fuente: Por Esto

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