Este panorama refleja una preocupante realidad de salud pública, donde persisten deficiencias en la prevención, la educación médica y el acceso oportuno a diagnósticos.
La doctora Mónica Yasmín Durán Pérez, especialista en oncología médica, señaló que alrededor del 80% de los diagnósticos están directamente relacionados con la infección por el virus del papiloma humano (VPH), lo que refuerza la importancia de la vacunación y los exámenes de detección periódicos.
A pesar de ser una enfermedad prevenible y tratable si se detecta a tiempo, la mortalidad sigue siendo alta: en México, seis de cada 100 mil mujeres fallecen por esta causa, lo que representa una tasa alarmante de letalidad frente al número de casos detectados.
Desigualdad y riesgo en comunidades rurales
La situación se agrava en regiones rurales del país, donde los servicios de salud son menos accesibles. En entidades como San Luis Potosí, por ejemplo, se han reportado hasta 52 casos por cada 100 mil mujeres, exponiendo una brecha crítica en la cobertura de programas preventivos y educativos.
En el caso de Yucatán, aunque las cifras no alcanzan esos niveles extremos, el hecho de que muchas mujeres reciban el diagnóstico en etapas avanzadas reduce considerablemente sus probabilidades de recuperación.
Prevención: una ventana que puede salvar vidas
Durán Pérez destacó que el desarrollo de este tipo de cáncer es lento, lo que brinda una oportunidad significativa para intervenir a tiempo. “Desde el momento en que una mujer se expone al virus, pueden pasar entre 10 y 15 años antes de que se desarrolle un cáncer. Esto nos da una ventana amplia para detectarlo y evitar que evolucione”, afirmó.
Según la Norma Oficial Mexicana (NOM), la prevención se divide en tres niveles:
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Primaria: vacunación contra el VPH, recomendada para niñas de entre 9 y 14 años.
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Secundaria: realización de estudios de detección como el Papanicolaou, a partir de los 25 años.
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Terciaria: intervención médica para tratar lesiones premalignas antes de que se conviertan en cáncer.
La especialista recalcó que en las primeras etapas el cáncer cérvicouterino no presenta síntomas, por lo que la revisión médica de rutina es clave. Entre los signos de alerta más comunes están el sangrado fuera del periodo menstrual, secreciones anormales, dolor en la zona pélvica y sangrado en mujeres postmenopáusicas.
Durán Pérez concluyó con un llamado a las mujeres a dejar atrás el miedo y los tabúes, y a acudir regularmente al médico. “Un chequeo a tiempo puede hacer toda la diferencia”, puntualizó.
Redacción: Yucatánalamano.