El domingo 12 de octubre, vecinos del fraccionamiento Plan de Ayala Norte escucharon los quejidos de la perrita, lo que los llevó a descubrirla gravemente herida en un contenedor de basura. De inmediato, dieron aviso a las autoridades. Al lugar acudió personal de la Fiscalía General del Estado (FGE) de Yucatán, así como la Unidad de Protección Animal de Mérida, quienes resguardaron al animal.
La atención veterinaria se demoró cerca de cuatro horas debido a que era necesario esperar al perito especializado de la fiscalía. Afortunadamente, Sicilia logró sobrevivir.
Inicialmente, Silvia Cortés —fundadora del albergue Evolución y activista contra el maltrato animal— fue contactada para hacerse cargo de la perrita. Sin embargo, se determinó que la custodia quedaría en manos de la Unidad de Protección Animal para no interferir con las mesas de trabajo entre el Ayuntamiento de Mérida y la FGE.
“Lo único que sí quisiéramos puntualizar es que, si hay mesas de trabajo entre Ayuntamiento y FGE, se pongan de acuerdo para tener un protocolo de acción que no retrase la atención. Esperamos que casos como este reciban una respuesta más rápida en el futuro”, comentó la activista.
Señalan a dirigente deportivo como presunto agresor
El caso ha escalado a nivel nacional luego de que se identificara al presunto responsable: Ferdinando L. E., presidente de la Asociación de Tiro Deportivo de Yucatán. Según trascendió, el dueño de Sicilia, Jorge Medina, habría dejado al animal bajo su cuidado durante un viaje.

Ante los señalamientos, ciudadanos y activistas dirigieron una carta a Rommel Pacheco, director de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), exigiendo la expulsión definitiva de Ferdinando L. E. de cualquier cargo dentro del ámbito deportivo. En la misiva, los firmantes consideran que el hecho representa una falta ética grave y solicitan una sanción ejemplar.
“El maltrato animal no puede tener cabida en ningún espacio, mucho menos en las instituciones deportivas”, expresaron los colectivos.
El caso de Sicilia se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la crueldad animal en Yucatán y ha puesto en la mira la necesidad de protocolos más eficaces, sanciones más severas y una mayor sensibilidad institucional ante este tipo de actos.
Redacción: Yucatánalamano.