Por Luis Carmona.
Lo que comenzó como una historia sencilla sobre la desaparición de un niño en Hawkins, Indiana, terminó abriendo la puerta a un universo cargado de nostalgia, misterio y horror que atrapó tanto a nuevas audiencias como a generaciones que crecieron con bicicletas, walkie-talkies y sintetizadores.
La primera temporada fue, sin duda, el corazón de la serie. Su narrativa compacta, el misterio del “Upside Down”, la introducción de Eleven y la química natural entre los niños protagonistas lograron algo especial: una historia que se sentía íntima, bien pensada y con una identidad muy clara. Stranger Things no solo rendía homenaje al cine de Steven Spielberg, Stephen King o John Carpenter, sino que lo hacía con respeto y personalidad propia. En ese momento, Netflix encontró su joya de la corona.
El éxito fue inmediato. La serie se infiltró rápidamente en la cultura popular: canciones de los 80 volvieron a las listas de popularidad, el diseño visual se convirtió en referencia obligada y personajes como Eleven, Dustin o Hopper pasaron a ser íconos reconocibles incluso para quienes no veían la serie. Halloween, memes, merchandising y colaboraciones comerciales consolidaron a Stranger Things como algo más que una producción televisiva: era un evento cultural.
Sin embargo, conforme avanzaron las temporadas, también comenzaron a notarse ciertas grietas. El crecimiento del elenco, la necesidad de escalar constantemente las amenazas y la presión por superar el impacto de la primera entrega llevaron a una narrativa cada vez más ambiciosa, pero no siempre coherente. Algunas temporadas se sintieron alargadas, con subtramas que parecían existir más para dar tiempo en pantalla a ciertos personajes que para fortalecer la historia principal.
Las temporadas más recientes, aunque espectaculares en lo visual y con momentos memorables, han sido señaladas por una parte del público como irregulares. Cambios de tono, reglas del universo que parecían ajustarse sobre la marcha y algunas inconsistencias narrativas han dado la sensación de que la serie ha ido construyéndose conforme avanzaba, más que siguiendo un plan sólido desde el inicio. A esto se suma la percepción de que la nostalgia, uno de sus mayores aciertos, en ocasiones se convirtió en un recurso excesivo.
El final de Stranger Things ha generado una conversación intensa en redes sociales, marcada por opiniones divididas entre quienes celebran el cierre emocional de la historia y quienes consideran que la serie no logró estar a la altura de su propio legado. Para muchos espectadores, el desenlace cumple en términos de espectáculo y emotividad, apostando por escenas diseñadas para conmover y despedirse de personajes que acompañaron a la audiencia durante casi una década.
Entre los aciertos más señalados se encuentra el cierre de los arcos principales. Personajes como Eleven, Hopper y el grupo original de Hawkins reciben conclusiones que, aunque predecibles, resultan coherentes con el espíritu de la serie. El énfasis en la amistad, el sacrificio y la unión frente a la adversidad fue bien recibido, especialmente por quienes siguieron la historia desde su primera temporada y buscaban un final más sentimental que sorprendente.
No obstante, una de las principales críticas apunta a la falta de riesgo narrativo. En redes sociales, parte de la audiencia considera que el final “juega a lo seguro”, evitando decisiones realmente drásticas y optando por resoluciones que no rompen con lo establecido. Esto ha llevado a comparaciones con otras series de cierre polémico como Game of Thrones, aunque en este caso el consenso general es que Stranger Things logra un final “digno”, pero no inolvidable.
Otro punto cuestionado es el ritmo. Algunos episodios finales fueron percibidos como excesivamente largos, con momentos que parecían extenderse más de lo necesario. Para ciertos espectadores, la serie cayó en el exceso de subtramas y explicaciones, debilitando la tensión que caracterizó a sus inicios, cuando el misterio y lo desconocido eran su principal fortaleza.
En cuanto al villano y la resolución del conflicto central, las opiniones también se encuentran divididas. Mientras algunos valoran la claridad y el cierre definitivo del “Upside Down”, otros consideran que la amenaza perdió impacto al ser explicada en exceso, restándole esa aura inquietante que definió a la primera temporada. En redes, no han faltado comparaciones con finales más sobrios y simbólicos, como el de Dark, señalando que Stranger Things optó por lo espectacular sobre lo sutil.
En balance, el final de Stranger Things ha sido catalogado por buena parte del público como “correcto” o “pasable”: no traiciona a sus personajes ni a su mensaje central, pero tampoco arriesga lo suficiente como para convertirse en un cierre histórico. Es un adiós que satisface emocionalmente, aunque deja la sensación de que la serie pudo haber sido más contundente en su último acto.
Un detalle que en redes sociales comenzó casi como un meme, pero que poco a poco ha ganado fuerza en la conversación colectiva, es la comparación del final de Stranger Things con el desenlace de Regular Show. La similitud no solo radica en el uso de la canción “Heroes” de David Bowie durante los créditos finales, un recurso cargado de nostalgia y despedida, sino también en el simbolismo del último plano: un libro guía de jugador, que sugiere el inicio de una partida de Calabozos y Dragones ambientada en el universo de Stranger Things. Para muchos espectadores, este gesto funciona como un guiño metanarrativo, evocando la idea de que toda la serie pudo haber sido, en esencia, una gran campaña de rol contada desde la imaginación de alguien más. La comparación se refuerza al recordar que Regular Show cerró su historia mostrando un reproductor de VHS, insinuando que todo lo vivido fue una experiencia observada a la distancia. En ambos casos, el mensaje parece ser el mismo: la aventura termina, pero la historia queda lista para ser revivida, reinterpretada o jugada de nuevo por quien decida volver a ella.
Aun con todo, el impacto de Stranger Things es innegable. Pocas series lograron definir una época del streaming, impulsar carreras de actores jóvenes y demostrar que una historia con niños como protagonistas podía sostenerse en un tono oscuro y maduro sin perder sensibilidad. Su final no solo representa el cierre de una historia, sino también el final de una era para Netflix y para una generación que creció esperando cada nueva temporada.
Stranger Things se despide con virtudes y defectos, pero con un lugar asegurado en la historia de la televisión. Más allá de sus tropiezos recientes, será recordada como la serie que nos recordó que la amistad, la imaginación y el misterio aún podían conquistar al mundo entero.