Cada 2 de febrero, las calles de México se llenan de colores, canastos de tamales y figuras del Niño Dios cuidadosamente ataviadas. Lo que para muchos es el cierre de las festividades navideñas, representa en realidad un complejo tejido de tradiciones judías, católicas y prehispánicas que han evolucionado a lo largo de los siglos.
El origen: De la purificación a las candelas
La festividad tiene su raíz técnica en el calendario litúrgico, exactamente 40 días después de la Navidad. Según explica la antropóloga Katia Perdigón, originalmente la celebración se centraba en la Purificación de la Virgen María. Siguiendo las leyes judías descritas en el libro del Vaikrá, las mujeres debían acudir al templo tras la cuarentena para dar gracias.
La figura del anciano Simeón juega un rol crucial en esta narrativa. Según la tradición, Simeón esperaba la llegada del Salvador para poder morir en paz. Al recibir a Jesús en sus brazos, lo identificó como la «luz que iluminaría a las naciones», simbolizando este momento con velas o candelas, elemento que terminó dando nombre a la festividad: La Candelaria.
El encuentro de dos mundos: El maíz y el Virreinato
El arraigo de esta fecha en México no es coincidencia. Arturo Cardoso, sociólogo e historiador de la FES Acatlán, señala que el éxito de esta celebración se debe a un profundo sincretismo cultural.
Durante la época prehispánica, los mexicas celebraban el inicio del Atlcahualo (temporada de siembra). En este periodo, se bendecía el maíz y se realizaban ofrendas a Tláloc y Chalchiuhtlicue para asegurar buenas cosechas. Con la evangelización española, los ritos indígenas se fusionaron con la fiesta católica: en lugar de bendecir el grano para los dioses antiguos, se comenzó a consumir el tamal como platillo principal para festejar al Niño Dios.
La evolución del Niño Dios y la tradición de los atuendos
Aunque la Virgen fue la protagonista original, a partir de la primera década del siglo XX la figura del Niño Dios tomó una fuerza predominante en México.
La costumbre de vestirlo —que hoy cuenta con más de 100 modelos diferentes— parece tener su origen en los conventos virreinales, donde las monjas preparaban a las figuras para su presentación en la iglesia. Esta práctica se comercializó masivamente a partir de 1975 con el auge de empresas especializadas como la Casa Uribe, transformando la devoción en un fenómeno cultural y económico.
La celebración hoy
Actualmente, la festividad se manifiesta de dos formas principales. Por ejemplo hay randes fiestas con música y pirotecnia en localidades como Tlacotalpan o Coyoacán.
La más tradicional y conocida en otras partes del país es presentación del Niño Dios en misa y el posterior banquete de tamales, tradicionalmente ofrecido por aquellos que «sacaron el niño» en la Rosca de Reyes el 6 de enero.
A pesar de que el significado original de las velas se ha diluido para muchos creyentes, la esencia de la Candelaria permanece intacta: un día donde la fe, el agradecimiento y la gastronomía se unen para marcar el ritmo del calendario mexicano.
Por Redacción Yucatanalamano