Aunque el balance nacional aún se encuentra en proceso de cierre, el contexto previo marcó la pauta: durante 2024, el país perdió más de 1.67 millones de hectáreas a causa del fuego, la cifra más alta en más de dos décadas.
Ese antecedente reforzó la preocupación sobre el impacto del cambio climático, la prolongación de las sequías y la alteración de los patrones de lluvia, factores que han intensificado la propagación de incendios en diversas regiones del país.
Frente a este escenario adverso, Yucatán presentó un comportamiento distinto. Mientras otras entidades, incluida gran parte de la Península de Yucatán, enfrentaron siniestros de gran escala, el estado cerró 2025 con una disminución significativa tanto en el número de incendios como en la extensión territorial afectada. El dato representa un avance relevante, aunque no exento de riesgos persistentes.
En el balance regional, la Península acumuló cerca de cien incendios forestales que afectaron más de 60 mil hectáreas de distintos tipos de vegetación. Sin embargo, dentro de Yucatán, el impacto ambiental fue considerablemente menor, marcando una diferencia clara frente al resto de la región.
Comportamiento irregular a lo largo de los años
El historial de incendios forestales en Yucatán durante la última década ha estado marcado por fluctuaciones. Entre 2020 y 2023, el estado registró entre 15 y 26 siniestros por año, con variaciones importantes en la superficie dañada. En 2024, la situación se agravó: 29 incendios afectaron más de 20 mil hectáreas, principalmente en municipios del sur del territorio yucateco.
El panorama cambió en 2025. De acuerdo con datos preliminares de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), el estado cerró el año con apenas 13 incendios forestales, la cifra más baja en al menos un lustro. La superficie afectada rondó las 2 mil 200 hectáreas, lo que representa una reducción cercana al 89% en comparación con el año anterior.
Aunque esta disminución rompe con la tendencia inmediata, especialistas subrayan que no implica la eliminación del riesgo, especialmente en un contexto nacional donde los incendios continúan aumentando debido a condiciones climáticas extremas.
Distribución territorial y ecosistemas afectados
Durante 2025, los incendios en Yucatán se concentraron en poco más de diez municipios, con mayor incidencia en zonas del sur y del centro-norte del estado. Tixkokob y Maxcanú destacaron al concentrar más de la mitad de la superficie dañada.
El incendio más extenso del año ocurrió en Tixkokob, con un saldo de 585 hectáreas afectadas. Le siguieron Maxcanú, con 574 hectáreas, y Yaxkukul, donde el fuego alcanzó 480 hectáreas. Los siniestros impactaron principalmente selva mediana caducifolia, selva baja y áreas de vegetación arbustiva.
Si bien la mayoría de los eventos fue clasificada como de impacto moderado, la repetición de incendios en ecosistemas frágiles confirma que la vulnerabilidad ambiental sigue presente, particularmente durante la temporada de estiaje.
Un contraste marcado en la Península
El desempeño de Yucatán contrasta con el de los otros estados peninsulares. Campeche registró el mayor impacto regional, con 56 incendios forestales y más de 51 mil hectáreas devastadas. Quintana Roo, por su parte, reportó 29 siniestros que dañaron más de 6 mil 600 hectáreas, incluyendo manglares, dunas costeras y selvas bajas.
En este contexto, Yucatán se posicionó como el estado con menor número de incendios y menor superficie afectada en la Península. No obstante, autoridades y especialistas coinciden en que estos resultados no justifican una reducción en las medidas de prevención.
El origen humano del fuego
Un elemento constante en los incendios forestales del estado es su causa. Reportes de Conafor y de Protección Civil indican que más del 90% de los siniestros tiene origen humano. Las principales causas incluyen quemas agrícolas realizadas fuera de los periodos permitidos, quema de basura, descuidos con fogatas y prácticas productivas sin control adecuado.
Las quemas agrícolas, especialmente entre marzo y mayo, continúan siendo uno de los principales factores de riesgo cuando el fuego se propaga hacia áreas de vegetación seca. A ello se suman colillas de cigarro, fogatas mal apagadas y, en menor medida, incendios intencionales o de causa no determinada, que a nivel nacional representan hasta un tercio de los casos.
Si bien el clima no inicia los incendios, sí influye de manera decisiva en su propagación. Las altas temperaturas, la sequía prolongada y los vientos intensos convierten cualquier descuido en un potencial desastre ambiental.
Un respiro en medio del cambio climático
La Conafor ha advertido en informes recientes que el aumento de incendios está directamente relacionado con fenómenos climáticos extremos. Periodos de sequía más extensos, lluvias irregulares y olas de calor recurrentes han ampliado la temporada crítica, que ya no se limita a unos pocos meses del año.
Bajo ese contexto, el desempeño de 2025 debe entenderse como una pausa favorable, no como una solución definitiva. Incluso en años con menor incidencia, el riesgo persiste ante la combinación de factores climáticos y actividades humanas.
La prevención como reto permanente
El balance final deja una conclusión clara: la reducción de incendios forestales en Yucatán durante 2025 es un resultado positivo, pero frágil. Autoridades estatales y federales insisten en que la prevención sigue siendo la herramienta clave: respeto a los calendarios de quema, mayor vigilancia comunitaria, capacitación en zonas rurales y fortalecimiento de la educación ambiental.
La experiencia reciente en México demuestra que los años críticos pueden repetirse con rapidez. En un escenario de cambio climático acelerado, la diferencia entre una temporada controlada y una devastadora depende, en gran medida, de la prevención, la coordinación institucional y la participación ciudadana.
En 2025, Yucatán logró mantenerse al margen del avance del fuego que afectó a otras regiones. El desafío ahora es transformar ese resultado en una estrategia sostenida antes de que las condiciones vuelvan a cambiar.
Redacción: Yucatánalamano.