En Yucatán el fenómeno se considera de impacto moderado y, de acuerdo con especialistas, no configura una crisis sanitaria, sino un proceso natural que requiere comprensión científica y manejo ambiental adecuado.
El sargazo corresponde a macroalgas pardas flotantes del género Sargassum, que se desarrollan principalmente en el Atlántico tropical. A diferencia de otras algas fijadas al lecho marino, estas especies permanecen a la deriva y pueden agruparse en extensas concentraciones en mar abierto.
El investigador Isaías Dzul, académico de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), ha señalado que desde 2015 el arribo masivo de estas algas se ha intensificado en el Caribe. Entre los factores asociados se encuentran el incremento en la temperatura superficial del océano, el aporte elevado de nutrientes como nitrógeno y fósforo provenientes de ríos y actividades humanas, así como variaciones en corrientes marinas y patrones de viento.
Menor impacto que en el Caribe oriental
En el caso de Yucatán, la afectación suele ser menor que en Quintana Roo y otras zonas del Caribe oriental. La influencia de las corrientes del Golfo de México contribuye a dispersar parte de las masas flotantes, aunque se registran arribazones periódicas, especialmente durante temporadas de marejadas y vientos intensos.
Desde el punto de vista ecológico, el sargazo cumple funciones relevantes en su entorno natural. En mar abierto actúa como refugio y zona de crianza para peces juveniles, crustáceos y otras especies; además, forma parte de la cadena alimenticia y participa en la captura de carbono mediante la fotosíntesis. En ese contexto, es un componente habitual del ecosistema atlántico.
Cuando la acumulación genera problemas
Las complicaciones surgen cuando grandes volúmenes alcanzan la franja costera y comienzan a descomponerse. Este proceso libera gases como el sulfuro de hidrógeno, responsable de olores desagradables, y puede disminuir los niveles de oxígeno en aguas someras, afectando temporalmente a la fauna marina cercana a la orilla.
En términos de salud pública, no se considera una contingencia generalizada. Sin embargo, la exposición prolongada a los gases derivados de la descomposición puede provocar irritación ocular o molestias respiratorias en personas sensibles. También es posible que el contacto con organismos asociados al sargazo cause irritaciones cutáneas leves. Por ello, las autoridades ambientales mantienen vigilancia constante en temporada de recale.
Potencial de aprovechamiento
Más allá de sus efectos logísticos y turísticos, el sargazo también es objeto de investigación aplicada. Diversos proyectos en México y el Caribe exploran su uso para la generación de biogás, la producción de biofertilizantes, materiales de construcción e incluso aplicaciones agrícolas, siempre bajo procesos de tratamiento adecuados.
Los especialistas coinciden en que el fenómeno no constituye una emergencia estructural en Yucatán, salvo en escenarios de acumulaciones extraordinarias sin atención oportuna. El monitoreo continuo y las estrategias de manejo permiten mitigar impactos sobre la biodiversidad y la actividad económica costera.
En suma, el sargazo no debe entenderse como un elemento ajeno al ecosistema, sino como parte de una dinámica natural cuya intensidad reciente está vinculada al cambio climático y a la actividad humana. El desafío radica en gestionarlo con base científica y con visión de sostenibilidad ambiental.
Redacción: Yucatánalamano.