Autoridades ambientales, especialistas y organizaciones civiles coinciden en que la conducta de los visitantes, especialmente en periodos vacacionales, será decisiva para la reproducción de especies como la tortuga carey y la tortuga blanca, emblemáticas del litoral yucateco.
El llamado cobra relevancia si se consideran las cifras de 2025, cuando se registró uno de los mejores ciclos recientes: más de 724 mil crías lograron incorporarse al mar, gracias a la protección de más de 11 mil nidos y alrededor de 1.2 millones de huevos en campamentos distribuidos a lo largo de la costa. La tasa de éxito, cercana al 60 %, destaca frente a otros estados.
Sin embargo, estos logros contrastan con problemáticas persistentes como el aumento del turismo, el tránsito de vehículos en playas y la degradación de dunas, factores que impactan directamente en los sitios de anidación.
Medidas y ajustes para la nueva temporada
En el marco de la planeación para el periodo que abarca de abril a noviembre, autoridades e instituciones acordaron reforzar diversas estrategias de conservación.
Entre las decisiones más relevantes está la eliminación de liberaciones públicas de crías, una práctica común en temporadas vacacionales que, aunque atractiva para visitantes, puede afectar el desarrollo natural de las tortugas.
Asimismo, se reiteró la obligación de cumplir con la normativa federal que prohíbe cualquier tipo de aprovechamiento, venta o consumo de tortugas y sus derivados.
También se planteó mejorar la capacitación de voluntarios, fortalecer la vigilancia en las playas mediante coordinación entre dependencias y avanzar en la creación de herramientas digitales para el monitoreo de los campamentos.
Una temporada que coincide con alta afluencia turística
El arranque de la anidación coincide con la Semana Santa, uno de los periodos de mayor presencia de visitantes en la costa, lo que representa un momento crítico para la conservación.
Acciones aparentemente inofensivas —como caminar fuera de zonas delimitadas, encender fogatas o circular con vehículos motorizados sobre la arena— pueden destruir nidos o interferir en el comportamiento de las tortugas al momento de desovar.
Por ello, las autoridades subrayan que la protección de estas especies no depende únicamente de operativos, sino también de la responsabilidad individual de quienes visitan las playas.
Más allá del mar: otras especies en riesgo
Aunque la atención suele centrarse en las tortugas marinas, investigadores advierten que las especies de agua dulce y terrestres enfrentan escenarios igual de preocupantes.
Estudios recientes indican que al menos la mitad de las especies de tortugas presentes en Yucatán se encuentran bajo algún grado de amenaza.
Entre ellas destaca la tortuga de pantano yucateca (Kinosternon creaseri), una especie endémica cuya distribución es muy limitada y que actualmente se considera casi amenazada, lo que la vuelve especialmente vulnerable a cambios en su entorno.
Aún más crítica es la situación de la tortuga blanca de agua dulce (Dermatemys mawii), clasificada en peligro crítico, una de las categorías más altas de riesgo.
Otras especies también enfrentan presiones por pérdida de hábitat, contaminación y captura ilegal.
Un desafío que exige visión integral
El panorama en Yucatán refleja una situación compleja: mientras los programas de protección han logrado avances en el ámbito marino, el estado general de las tortugas en la región sigue siendo incierto.
Especialistas coinciden en que la conservación no puede centrarse únicamente en el número de crías liberadas, sino que debe contemplar todos los ecosistemas involucrados y atender las amenazas que persisten tanto en la costa como en zonas interiores.
En este contexto, el reto va más allá de una temporada: implica mantener un esfuerzo continuo para garantizar la supervivencia de estas especies en el largo plazo.
Redacción: Yucatánalamano.