“Hasta ahora no tenemos una grabación profesional de la mayor parte de sus composiciones, es una tarea pendiente” – Martín Briceño
Pese a ser uno de los compositores más importantes del periodo del nacionalismo mexicano del siglo pasado, gran parte del acervo del músico yucateco Daniel Ayala Pérez, quien formara el Grupo de los Cuatro junto con José Pablo Moncayo, Salvador Contreras y Blas Galindo, permanece inédita, sin proyección nacional.
Como parte del homenaje que rendirá la Sinfónica de Yucatán por el 120 aniversario del natalicio de Ayala, tanto el director invitado Alejandro Basulto como el investigador Enrique Martín Briceño, coincidieron en la necesidad de promover más la obra del compositor, quien estuvo cerca de Manuel M. Ponce, Silvestre Revueltas y Carlos Chávez.
“No siempre es Beethoven, no todo es Brahms, no todo es Tchaikovsky y la primera parte es justamente eso. Tenemos una de las obras del probablemente el compositor yucateco más importante de música de concierto, el maestro Daniel Ayala, La Gruta Diabólica, obra inspirada por una leyenda indígena en cinco movimientos”, dijo Basulto.
Durante el anuncio de su Séptimo Programa de la Temporada 45 de la OSY, que este viernes y domingo interpretará en el Palacio de la Música La gruta diabólica: Pequeña Suite fantasía-ballet (1940) de Ayala Pérez (1906-1975), Martín Briceño presentó un micro sitio como parte del reconocimiento al músico.
Tanto su biografía, lista de composiciones y una selección de sus obras grabadas pueden consultarse en el sitio https://musiteca.mx/micrositios/daniel-ayala elaborada por el propio investigador para la Fonoteca Nacional y que puede ser consultada de manera pública.
Martín Briceño reconoció que el hecho de que Daniel Ayala se apartase en los últimos 20 años de su vida del centro del país (de 1938 a 1942 en Morelia y de 1945 a 1955 en Mérida), donde se forman prestigios, deciden programas, metas, etcétera, eso afectó ciertamente la difusión de su obra.
“Y claro que merece ser, como digo, mejor conocida. Hasta ahora no tenemos una grabación profesional de la mayor parte de sus composiciones, es una tarea pendiente”, subrayó el también investigador fundador del Centro Regional de Investigación, Documentación y Difusión Musicales “Gerónimo Baqueiro Foster”
Hasta el momento, puntualizó Martín Briceño, la única obra de Daniel Ayala que se encuentra en una grabación comercial es Tribu, una suite sinfónica de 1934 y que grabó en 1956 la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección de Luis Herrera de la Fuente.
El magno homenaje a tendrá lugar los días 17 y 19 de abril en la sala de conciertos del Palacio de la Música, bajo la batuta de Alejandro Basulto, quien además dirigirá como titular huésped las interpretaciones del Concierto para Oboe del húngaro Frigyes Hidas con el solista Alexander Ovcharov y la Sinfonía Escocesa de Mendelssohn.
El oboísta de origen ruso nacionalizado mexicano, Alexander Ovcharov interpretará el concierto Hidas (1928-2007), una de las obras más difíciles de ejecutar en el repertorio para maderas, escrita en 1951 que exige al intérprete una resistencia física y un control técnico fuera de lo común para sostener el sonido.
El oboe es reconocido como uno de los instrumentos más complejos debido a su delicado sistema de doble lengüeta y embocadura. Requiere una presión de aire constante y un manejo milimétrico de la columna de aire para producir su timbre dulce pero potente. Esta dificultad física y técnica lo convierte en un verdadero reto para cualquier oboísta.
Formado en el prestigioso Conservatorio Tchaikovsky de Moscú, Ovcharov ha consolidado una carrera brillante como solista en ciudades como Nueva York, Milán y Múnich. Desde el año 2002, se desempeña como el oboísta principal de la Sinfónica de Yucatán.
Como broche de oro, la OSY interpretará la monumental Sinfonía No. 3, conocida como La Escocesa, considerada pilar del romanticismo sinfónico del compositor Felix Mendelssohn (1809-1847), quien se inspiró en una visita a las ruinas de la capilla de Edimburgo en 1829 y dedicó su obra a la reina Victoria de Inglaterra.
Desde su introducción sombría hasta el Scherzo que imita las melodías de los gaiteros, la obra es un prodigio de orquestación. El final, un majestuoso himno de gratitud, cierra la pieza con una solemnidad triunfal que reafirma la genialidad de Mendelssohn. Sus cuatro movimientos deben tocarse sin interrupción.
Nota original aquí
Fuente: La Jornada Maya