Las cifras disponibles en Yucatán evidencian la urgencia de esa recomendación. Aunque en el promedio estatal la participación de parteras parece marginal, en varias comunidades su labor sigue siendo indispensable, e incluso la única opción al momento del parto.
De acuerdo con datos recientes, apenas el 0.67% de los nacimientos en el estado son atendidos por parteras. Sin embargo, este porcentaje oculta desigualdades importantes, ya que mezcla zonas con infraestructura hospitalaria con otras donde los servicios médicos son prácticamente inexistentes.
Hay casos ilustrativos: en municipios como Timucuy, Dzidzantún y Temozón, el único parto registrado en el periodo más reciente fue asistido por una partera, lo que representa el 100% de los nacimientos en esos lugares. En Chemax, tres de cada cuatro bebés nacieron con apoyo de una matrona, mientras que en Yaxcabá la proporción alcanza la mitad.
Otros municipios como Chikindzonot, Chankom, Santa Elena, Tekom y Tixcacalcupul también dependen en gran medida de estas prácticas tradicionales, cubriendo vacíos que el sistema de salud institucional no logra atender.
La distribución territorial no es casual. La mayoría de estas localidades se ubican en el sur y oriente del estado, regiones con alta presencia de población maya, donde el acceso a servicios del IMSS o ISSSTE es limitado y los hospitales quedan a largas distancias.
Un cambio drástico en 40 años
El contraste histórico es contundente. En 1985, las parteras atendieron más de 18 mil nacimientos en Yucatán, lo que representaba el 45.4% del total. En ese entonces, eran un elemento central en la atención de la salud materna, sobre todo en zonas rurales.
Para 2024, la cifra se desplomó a solo 172 partos, equivalente al 0.67%. Esta reducción cercana al 99% no solo refleja la expansión de la medicina institucional, sino también la persistencia de comunidades donde los servicios médicos siguen sin llegar de manera suficiente.
Municipios que décadas atrás concentraban la mayor cantidad de partos atendidos por parteras, como Valladolid, Tizimín y Mérida, hoy registran números mínimos en comparación con el pasado.
Una tendencia inesperada en la capital
En medio de este panorama, Mérida presenta un comportamiento distinto. Mientras a nivel estatal los partos atendidos por parteras disminuyeron en un año, en la capital aumentaron: pasaron de 31 casos en 2023 a 36 en 2024.
A diferencia de lo que ocurre en municipios del interior, donde la partería responde a la falta de alternativas, en Mérida parece tratarse de una decisión voluntaria de algunas familias, a pesar de la amplia oferta de hospitales.
Según estimaciones de la OPS, una partera capacitada e integrada adecuadamente puede cubrir hasta el 90% de las necesidades básicas en salud materna y neonatal.
En Yucatán, esa capacidad ya es una realidad en al menos once municipios. La diferencia es que ahí no responde a una estrategia pública, sino a la falta de opciones.
Redacción: Yucatánalamano.