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Créditos impagos se acumulan en Argentina y amenazan el crecimiento económico

Funcionarios del banco central argentino esperan que la morosidad haya alcanzado su punto más alto en junio.

por YT
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Los créditos impagos siguen acumulándose en Argentina, frustrando las expectativas de que el golpe económico provocado por el severo programa de austeridad del presidente Javier Milei ya hubiera alcanzado su punto máximo.

Milei redujo la inflación desde niveles de tres dígitos y devolvió el crecimiento a la economía argentina desde que asumió el cargo en 2023. Su programa de reformas le ha valido una serie de mejoras en la calificación crediticia soberana del país, la más reciente otorgada el martes por Moody’s Ratings, aunque Argentina sigue profundamente en territorio especulativo.

El gobierno apostaba a que una recuperación del crédito al consumo ayudara a ampliar una reactivación impulsada por las exportaciones mediante un mayor gasto de los hogares, con el objetivo de fortalecer las opciones de reelección de Milei de cara a una difícil contienda el próximo año.

Sin embargo, impulsada por el fuerte aumento de la tasa de interés el año pasado, la morosidad de los préstamos al consumo —incluidos los destinados a tarjetas de crédito, automóviles y otros activos— aumentó durante 17 meses consecutivos y alcanzó un máximo de dos décadas de 12.1 por ciento en abril, según los datos más recientes del banco central.

La consultora local 1816 Economía & Estrategia estima que más de una cuarta parte de los prestatarios ya no son considerados sujetos de crédito, lo que impide que el consumo se convierta en un motor más importante de la economía, como ocurre en países vecinos como Brasil.

“Hoy te quedaste sin políticas de estímulo para la economía”, afirmó Miguel Kiguel, exsubsecretario de Finanzas de Argentina y actual director ejecutivo de la consultora EconViews. “El estímulo fiscal no hay porque no hay plata, y en lo monetario el crédito está frenado justamente en gran parte por el problema de la mora”.

Funcionarios del banco central esperan que la morosidad haya alcanzado su punto máximo en junio, en parte porque la tasa de interés se estabilizó en los últimos meses, según una presentación realizada a fines del mes pasado. Sin embargo, economistas y banqueros prevén solo una recuperación gradual y sostienen que el crédito a los hogares difícilmente se convierta en un motor relevante de la actividad económica antes de las elecciones de octubre de 2027.

Los bancos, que expandieron agresivamente el crédito cuando las condiciones económicas comenzaron a estabilizarse durante el primer año de Milei en el poder, han visto cómo ese auge terminó volviéndose en su contra. Los préstamos al consumo en mora no alcanzaban niveles tan elevados desde las secuelas de la crisis de 2001-2002. Esto contribuye a uno de los peores años para la rentabilidad del sector desde la pandemia y presiona a las acciones financieras.

“Es un problema lógico porque el año pasado hubo una suba fuerte de tasas y los bancos empezaron a actuar de bancos nuevamente”, dijo este mes el ministro de Economía, Luis Caputo, durante un evento. “Antes simplemente captaban depósitos y se lo prestaban ya sea a la Tesorería o al banco central”.

Inicialmente, los bancos consideraron que el deterioro sería temporal. Sin embargo, han postergado repetidamente sus previsiones sobre cuándo mejorará la calidad de la cartera y se han vuelto cada vez más selectivos respecto de a quién prestan.

“Seguimos viendo que esos segmentos presentan problemas”, afirmó Gonzalo Fernández Covaro, director financiero de Grupo Financiero Galicia, durante una conferencia con inversionistas en mayo, al señalar que el estancamiento de los ingresos de los hogares explica la lenta recuperación. “La expectativa es que durante el año, a medida que la inflación siga bajando y la economía crezca, podamos comenzar a prestar a distintos segmentos. Pero hasta ahora no estamos viendo eso”.

La situación se ha vuelto lo suficientemente relevante como para que las autoridades hayan comenzado a alentar a los bancos a refinanciar a los prestatarios con dificultades. Banco Nación y Banco Ciudad lanzaron programas de reestructuración que amplían los plazos y reducen los costos de financiamiento, mientras que Caputo elogió públicamente iniciativas similares impulsadas por entidades privadas.

Transición económica de Argentina
Los economistas sostienen que las dificultades de los hogares reflejan algo más que un aumento temporal de los incumplimientos. Argentina atraviesa una transición poco común: pasa de un sistema financiero moldeado por la inflación crónica y el financiamiento del gobierno a otro en el que los bancos vuelven a obtener ganancias evaluando riesgos crediticios y prestando a consumidores y empresas.

Durante décadas, la elevada inflación desalentó el crédito en Argentina y dejó al país con uno de los sistemas bancarios menos intensivos en préstamos de América Latina. Gran parte de las ganancias de los bancos provenía del cobro de comisiones y del financiamiento del sector público, en lugar de otorgar crédito a familias y empresas.

Si bien la inflación anual cercana al 30 por ciento en Argentina sigue siendo elevada frente al alrededor de 3.5 por ciento de Estados Unidos, representa una fuerte disminución respecto de más de 200 por ciento registrado tan recientemente como en 2024. Para los prestatarios acostumbrados a que el valor real de sus deudas se redujera rápidamente con el tiempo, el cambio ha requerido un ajuste significativo.

“Una baja en la inflación tiene un efecto importante en que tan rápido se licuan las deudas, y es distinto a lo que paso en gran parte de los últimos años”, afirmó Marcelo De Gruttola, analista de Moody’s Ratings en Buenos Aires. “Hubo cambio a nivel macroeconómico muy rápido y muy importante. Y eso generó un cambio en el comportamiento de las tomadas de crédito que era difícil de estimar al inicio del ciclo”.

Los argentinos más endeudados tienden a vivir lejos de la ciudad de Buenos Aires, uno de los principales centros de riqueza del país, donde solo el 16 por ciento de los adultos registra atrasos en sus préstamos. En varias provincias del interior esa proporción duplica ese nivel, según la consultora Equilibria.

El débil crecimiento de los salarios y un mercado laboral frágil han dificultado que muchos hogares paguen sus deudas, mientras que los bancos endurecieron los criterios para otorgar crédito y orientaron los nuevos préstamos hacia clientes corporativos de menor riesgo. Esto ha reducido el papel del crédito al consumo en la recuperación económica respecto de lo que muchos economistas esperaban.

Incluso después de casi duplicarse desde que Milei asumió la presidencia, el crédito equivale a apenas cerca de 12 por ciento del producto interno bruto. En Brasil, la mayor economía de América Latina, esa proporción se acerca al 80 por ciento.

Durante mucho tiempo, los inversionistas consideraron que el sistema bancario argentino sería uno de los principales beneficiarios de la estabilización macroeconómica del país, bajo la premisa de que existía amplio margen para expandir el crédito una vez que se recuperaran los balances de los hogares.

Ese optimismo se ha debilitado. Las acciones de los bancos argentinos han quedado rezagadas frente al índice Merval, con fuerte peso del sector energético, mientras los inversionistas evalúan el impacto del deterioro de la calidad crediticia y la proximidad de las elecciones.

“Los bancos suelen ser más sensibles al ruido macroeconómico y político”, afirmó Ola El-Shawarby, gestora de cartera de renta variable en VanEck, en Nueva York. “Aunque mantenemos una visión positiva a largo plazo, por ahora vemos mejores oportunidades en el sector de recursos naturales”.

Nota original aquí

Fuente: El Financiero

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