Médico venezolano de profesión, pasó varias semanas viviendo de favores y alojamientos temporales antes de descubrir que podía iniciar un trámite de refugio con apoyo del Instituto Federal de la Defensoría Pública.
Había escuchado que Yucatán ofrecía tranquilidad, seguridad y oportunidades laborales. Sin embargo, pronto entendió que la ciudad no estaba preparada para recibir un flujo creciente de personas migrantes.
Su experiencia ya no es excepcional. Entre mayo y diciembre de 2025, el número de expedientes migratorios activos en Yucatán pasó de 56 a 286, un incremento cercano al 400 por ciento. Tan solo durante el primer trimestre de 2026 se abrieron otros 54 casos, de acuerdo con cifras de la Defensoría Pública Federal.
Lucero Gutiérrez de la Cruz, asesora jurídica especializada en movilidad humana dentro del organismo federal, explicó que la mayoría de solicitudes humanitarias provienen de ciudadanos de Cuba y Venezuela, aunque también han atendido personas originarias de Pakistán y República Democrática del Congo.
El cambio evidencia que Mérida comenzó a figurar como destino para quienes buscan estabilidad y seguridad, más que oportunidades industriales o salariales como ocurre en otras ciudades del país.
Restricciones en Estados Unidos modificaron las rutas
Autoridades migratorias reconocen que las políticas implementadas por el gobierno de Donald Trump influyeron en el aumento de extranjeros que buscan establecerse en Yucatán.
Luis Felipe Esperón Villanueva, delegado del Instituto Nacional de Migración en el estado, señaló que algunos ciudadanos cubanos deportados desde Estados Unidos arribaron posteriormente a Yucatán para solicitar refugio y evitar regresar a su país.
Las medidas anunciadas por Washington a inicios de 2026, particularmente las restricciones dirigidas a venezolanos y cubanos mediante la Proclamación Presidencial 10998, limitaron las posibilidades de ingreso o permanencia en territorio estadounidense, empujando a muchos a buscar alternativas dentro de México.
Aunque las cifras locales todavía son moderadas, organizaciones civiles dedicadas a la atención de migrantes sostienen que el perfil de quienes llegan ha cambiado. Antes predominaban personas en tránsito hacia la frontera norte; ahora cada vez más buscan establecerse de manera permanente.
A nivel nacional, las estadísticas muestran la magnitud del fenómeno. Durante 2024 fueron detectados más de 339 mil venezolanos en situación migratoria irregular en México, mientras que en el primer trimestre de 2025 las solicitudes de asilo presentadas por cubanos superaron por primera vez a las de venezolanos.
Una ciudad atractiva, pero sin estructura suficiente
La percepción de seguridad y calidad de vida convirtió a Mérida en un punto atractivo para personas desplazadas. Sin embargo, especialistas y asociaciones civiles advierten que la infraestructura institucional aún resulta insuficiente para responder a un crecimiento sostenido de población migrante vulnerable.
Diversas iglesias y colectivos ciudadanos han improvisado redes de apoyo para ofrecer alojamiento, comida y orientación básica. También comunidades de extranjeros residentes en la ciudad ayudan a quienes recién llegan.
Uno de los principales obstáculos continúa siendo el acceso al empleo formal. Los procesos migratorios suelen extenderse durante meses y, mientras no se regulariza la situación jurídica, muchas personas terminan trabajando en la informalidad.
La situación afecta especialmente a profesionistas. Médicos, ingenieros o contadores provenientes de Cuba y Venezuela encuentran dificultades para validar estudios y ejercer sus carreras en México debido a trámites largos y costosos. En consecuencia, muchos terminan desempeñando labores ajenas a su preparación académica.
Al mismo tiempo, comienzan a surgir expresiones de rechazo en algunos sectores locales. En redes sociales y espacios públicos ya circulan críticas relacionadas con el aumento en rentas y la competencia por ciertos empleos.
Investigadores de la Universidad Autónoma de Yucatán han advertido que la ciudad enfrenta nuevas tensiones sociales derivadas tanto del crecimiento urbano como de la llegada de población extranjera.
Mientras tanto, Maikel intenta adaptarse. Ya obtuvo un permiso temporal para trabajar, aunque todavía lejos de la medicina. Poco a poco se acostumbra al calor yucateco y a la vida cotidiana en Mérida.
“Aquí la gente suele tratarte bien”, comenta. “Pero a veces uno siente que llegó a un lugar donde nadie lo esperaba”.
Redacción: Yucatánalamano.