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Boku no Hero Academia: el viaje fue mejor que el destino

Desde un enfoque personal la obra no alcanzó a ser lo que prometía pero reconocemos el impacto que dejó

por Luis Carmona
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Por Luis Carmona.

Cuando Boku no Hero Academia se estrenó en 2016, no tenía ningún acercamiento previo con el manga. Fue el anime el que me presentó su mundo, sus personajes y su propuesta. En un contexto dominado por el auge de los superhéroes gracias al Universo Cinematográfico de Marvel, la idea de ver la visión japonesa sobre este género despertó una curiosidad inmediata.

Japón siempre ha tenido referentes heroicos muy distintos a los occidentales, como Super Sentai o Kamen Rider. Por eso, ver cómo se alejaban parcialmente de su fórmula tradicional para construir una sociedad de superhéroes más cercana a Spider-Man o Superman resultaba intrigante. Boku no Hero supo aprovechar ese momento cultural para plantear un mundo donde los poderes no son excepcionales, sino parte de la normalidad, regulados por instituciones, agencias y escuelas especializadas.

El protagonista, Izuku Midoriya, funciona como un claro paralelismo con Peter Parker: un joven inteligente pero inseguro y físicamente débil, cuya heroicidad no nace de sus poderes (que al inicio no tiene) sino de su carácter. Se lanza al peligro por instinto y empatía, manteniendo ese espíritu infantil de quien sueña con ser como su héroe favorito.

El elenco secundario no se aleja demasiado de los arquetipos clásicos del shonen: la chica amable que funge como interés amoroso, el compañero violento con tintes de villano, el antisocial marcado por un pasado trágico, el alivio cómico y el maestro estricto que en el fondo se preocupa profundamente por sus alumnos. Aunque previsibles en personalidad, lo más atractivo de ellos son sus habilidades y la evolución de sus poderes.

Durante sus primeras temporadas, la serie se mantuvo como un shonen tradicional: arcos de entrenamiento, torneos y los primeros enfrentamientos con los villanos. El punto más alto de toda la obra llega con el arco del Shie Hassaikai, considerado hasta hoy el mejor de la historia. Aquí se concentran los temas centrales de la serie: heroísmo, sacrificio, vínculos humanos y consecuencias reales. Tras alcanzar esa cúspide, el descenso era casi inevitable.

Después de este arco, la narrativa pierde fuerza. Aunque se introducen personajes y conflictos que más adelante tendrían peso, muchas tramas se sienten poco memorables, algunas incluso con una clara sensación de relleno. Para parte del público, seguir la serie dejó de ser un gusto y se convirtió en un compromiso: ya se había empezado el viaje y quedaba ver a dónde llevaba.

Un acierto que sí merece reconocimiento es el desarrollo de los villanos. La obra se dio el lujo de dedicarles arcos completos, mostrando su pasado, sus motivaciones y justificando el crecimiento de su poder. Esto los consolidó como amenazas reales para el desenlace final.

No fue sino hasta los últimos episodios cuando Boku no Hero Academia recuperó el espíritu que la hizo brillar. Las batallas finales destacan por su animación, ritmo y puesta en escena, evocando momentos icónicos tanto del anime (como Naruto) como del cine de superhéroes de Marvel, con héroes llegando al campo de batalla para dar todo lo que les queda.

El episodio final del anime merece una mención especial. A diferencia del cierre del manga, que fue ampliamente criticado, la adaptación animada supo ajustar y omitir elementos que no convencieron al fandom. El discurso inicial de Deku sobre convertirse en el mejor héroe, así como la resolución de su relación con Uraraka, resultan más satisfactorios en el anime, logrando un cierre más amable y disfrutable.

En conjunto, Boku no Hero Academia es una obra irregular. Tiene arcos cliché, momentos flojos y personajes desaprovechados, especialmente considerando su enfoque escolar, donde no todos logran destacar. Prometía mucho y, aunque ofreció momentos de gran calidad, se quedó corta en comparación con lo que pudo ser.

Aun así, no se puede negar su impacto. Marcó a toda una generación, tal como Naruto lo hizo en su momento y como hoy lo hace Kimetsu no Yaiba. Personalmente, no es una de mis obras favoritas, pero el viaje fue suficiente para generar un cariño genuino. Tal vez Boku no Hero Academia quedó a deber, pero su legado ya forma parte de la historia del anime contemporáneo.

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