Con el respaldo del Programa de Pequeñas Donaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), habitantes de Sisal, Chuburná y Telchac Puerto han puesto en marcha viveros comunitarios dedicados a la reproducción de plantas nativas. Estas especies son fundamentales para la recuperación de las dunas, ecosistemas clave para la protección costera.
En Chuburná, la iniciativa se desarrolla en colaboración con el colectivo Lirios del Mar, donde se integran conocimientos científicos con saberes tradicionales. Mujeres como Sandra Lara participan activamente recolectando semillas, cultivando plantas y rehabilitando áreas dañadas, además de promover la educación ambiental en sus comunidades.
Más allá de la conservación, este proyecto ha representado también una oportunidad de organización y generación de ingresos. Según explican las participantes, su labor no solo contribuye al cuidado del entorno, sino que también fortalece el tejido comunitario y transmite a las nuevas generaciones la importancia de proteger estos espacios naturales.
El acompañamiento académico proviene de especialistas de la UNAM, quienes brindan asesoría técnica basada en guías como el Manual de restauración para dunas costeras de la península de Yucatán y el Catálogo de vegetación de la duna costera, desarrollados por la ENES Mérida.
Hasta ahora, se han rehabilitado más de 300 metros de duna, y existen planes para intervenir alrededor de 4 mil metros cuadrados adicionales en caminos y zonas degradadas.
Ecosistemas clave, pero vulnerables
Las dunas costeras, aunque ocupan apenas una pequeña fracción del territorio nacional, concentran una alta diversidad biológica. De acuerdo con especialistas del Instituto de Ecología de la UNAM en Yucatán, albergan cerca del 10% de la flora del país, además de fauna como aves, reptiles, invertebrados y especies como las tortugas marinas.
Estas formaciones naturales cumplen funciones esenciales: actúan como barreras frente a tormentas, ayudan a estabilizar las playas y amortiguan los efectos del cambio climático. Sin embargo, carecen de una protección legal suficiente, lo que las deja expuestas a la presión del desarrollo urbano.
La expansión de hoteles y viviendas sobre estas zonas altera el movimiento natural de la arena, afectando el equilibrio del sistema costero y acelerando procesos como la erosión.
Investigaciones realizadas por científicos del Cinvestav, que analizaron la evolución de la línea costera entre 1980 y 2019, confirman la magnitud del problema: la pérdida constante de playa es una tendencia sostenida.
Ante este panorama, iniciativas que vinculan ciencia y participación comunitaria resultan fundamentales no solo para restaurar las dunas, sino también para impulsar su reconocimiento y protección, en un contexto donde su conservación es clave para el futuro ambiental de la región.
Redacción: Yucatánalamano.