Por Luis Carmona.
Aunque ambas fechas forman parte de la tradición decembrina, la manera en que se viven, se comunican y se institucionalizan revela una diferencia clara en prioridades culturales, especialmente visible en los medios de comunicación y en las grandes campañas sociales.
A diferencia de otras regiones del país donde la Navidad es el centro absoluto de las celebraciones, en la capital el Día de Reyes está profundamente ligado a la infancia y al espacio público. Históricamente, la entrega de regalos no se asoció tanto al 25 de diciembre como al 6 de enero, fecha en la que los Reyes Magos traen juguetes a los niños. Esto convirtió al Día de Reyes en una celebración más tangible y visible en calles, mercados, tianguis y plazas, mientras que la Navidad quedó relegada a un ámbito más familiar y privado.
Este énfasis explica por qué iniciativas como El Juguetón, impulsado por Grupo Salinas y TV Azteca, se concentran específicamente en enero y no en Navidad. La campaña no solo responde a una tradición cultural arraigada, sino también a una lógica social: el Día de Reyes está directamente asociado con la entrega de juguetes a niños de escasos recursos, lo que facilita una narrativa clara de solidaridad, infancia y esperanza. En cambio, la Navidad, al estar vinculada a reuniones familiares, cenas y rituales íntimos, resulta menos funcional para campañas masivas de donación con un objetivo tan concreto.
La prensa capitalina refuerza esta jerarquía simbólica. Aunque Navidad y Día de Reyes reciben cobertura, el 6 de enero suele tener mayor tiempo en pantalla, más enlaces en vivo y más actividades organizadas, como ferias del juguete, eventos públicos y operativos de seguridad. Esto se debe a que el Día de Reyes genera movimiento económico y social visible: compras de último momento, concentración de vendedores, eventos infantiles y participación directa de autoridades y empresas. La Navidad, por el contrario, ocurre en espacios cerrados y deja menos imágenes “espectaculares” para los medios.
Otro factor clave es el carácter laico y urbano que ha adoptado el Día de Reyes en la capital. Mientras que la Navidad conserva una fuerte carga religiosa y tradicional, el 6 de enero se ha transformado en una celebración más flexible, menos solemne y más adaptable a campañas mediáticas, comerciales y sociales. Esto permite que empresas, televisoras y gobiernos participen activamente sin entrar en debates religiosos o ideológicos.
Para muchos capitalinos, además, el Día de Reyes representa una especie de cierre emocional de las fiestas, más que la Navidad misma. Es el último momento de ilusión para los niños, el último gasto fuerte de la temporada y el punto final antes de regresar a la rutina, al trabajo y a la llamada “cuesta de enero”. Por ello, su carga simbólica se intensifica y adquiere un peso que va más allá de lo religioso o festivo.
En este contexto, no es que la Navidad sea menos importante para los capitalinos, sino que cumple una función distinta. Mientras la Navidad se vive puertas adentro, el Día de Reyes se vive en colectivo, en la calle y frente a las cámaras. Esa diferencia explica por qué los medios, las organizaciones y las grandes campañas sociales han elegido al 6 de enero como su fecha emblemática: es el día que mejor conecta con la identidad urbana, mediática y social de la capital del país.