Cocinar, limpiar, cuidar, acompañar, organizar el hogar y atender necesidades familiares son tareas esenciales que continúan invisibilizadas, aunque generan un valor económico equivalente al 23.5% del producto interno bruto estatal. A pesar de su relevancia, la mayor carga sigue recayendo en las mujeres.
De acuerdo con la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado del Inegi, Yucatán es el estado de la Península donde estas labores tienen mayor peso económico, por encima de Quintana Roo y Campeche. La desigualdad de género es contundente: el 72.6% del valor generado por estas actividades proviene de mujeres, mientras que los hombres aportan solo 27.4%.
Una brecha histórica que se ha prolongado por generaciones
La distribución desigual del trabajo doméstico no es nueva; se trata de una estructura arraigada desde hace más de un siglo. En tiempos del auge henequenero, cuando la riqueza se concentraba en unas cuantas familias, la mayoría de las mujeres dedicaba sus días a labores del hogar sin recibir pago ni reconocimiento. Incluso aquellas que laboraban fuera de casa seguían cargando con la responsabilidad doméstica.
A mediados del siglo XX, con la industrialización y el crecimiento urbano, más mujeres se incorporaron al trabajo remunerado, pero sin que eso implicara una redistribución real de las tareas del hogar. En Yucatán, donde las familias extensas han sido comunes, las dinámicas de cuidados se intensificaron, generando la conocida “doble jornada”.
Ya en los años noventa, las encuestas del Inegi evidenciaron un patrón que persiste: las mujeres yucatecas dedicaban casi el doble de tiempo que los hombres al trabajo no pagado. Aunque los datos ayudaron a visibilizar la desigualdad, no lograron transformar las raíces que la sostienen.
La medición llegó, pero no así las políticas públicas
El verdadero cambio metodológico ocurrió con la incorporación de las Cuentas Satélite, que permitieron dimensionar el valor económico del trabajo doméstico a nivel nacional y estatal. Aun así, este reconocimiento estadístico no fue acompañado de políticas que compensaran o redistribuyeran esas responsabilidades.
La pandemia acentuó aún más la desigualdad. Con escuelas cerradas y cuidados adicionales derivados de la emergencia sanitaria, las mujeres asumieron cargas mucho mayores. En un estado como Yucatán, donde abundan los hogares multigeneracionales, la demanda de cuidados creció todavía más.
Entre 2020 y 2025, el tema de los cuidados entró con más fuerza al debate público, pero aún no se concreta un sistema integral que respalde a quienes realizan estas tareas.
La radiografía actual: mujeres sosteniendo la mayor parte de la carga
La lectura más reciente de la Cuenta Satélite reafirma la tendencia: casi tres cuartas partes del valor económico del trabajo doméstico en Yucatán provienen de las mujeres. El incremento en la participación masculina es lento y no compensa décadas de desigualdad acumulada.
La composición de los hogares explica parte de este fenómeno. Las mujeres que se identifican como jefas del hogar generan en promedio 83,494 pesos anuales en trabajo no remunerado, mientras que las que se declaran cónyuges aportan cerca de 105,923 pesos. Entre los hombres, el valor más alto se registra en los jefes de hogar, con 38,177 pesos.
A nivel nacional, el panorama es similar: el valor económico del trabajo doméstico y de cuidados ascendió en 2024 a 8 billones de pesos, equivalente al 23.9% del PIB nacional, más que sectores completos de la economía formal.
Un soporte indispensable que permanece fuera del radar económico
En el marco del 25N, organizaciones feministas y especialistas han insistido en que esta carga asimétrica constituye una forma de violencia estructural. No genera huellas visibles, pero limita oportunidades laborales, educativas y personales, y profundiza la desigualdad económica.
Colectivas y expertas en género coinciden en que Yucatán requiere medidas concretas de corresponsabilidad: servicios públicos de cuidado suficientes, licencias de paternidad ampliadas, horarios laborales compatibles con la vida familiar y campañas permanentes para modificar patrones culturales. Sin estas acciones, advierten, la desigualdad se seguirá transmitiendo de generación en generación.
Mientras tanto, los datos son claros: el trabajo que sostiene el funcionamiento cotidiano de miles de hogares yucatecos continúa siendo realizado, en su mayoría, por mujeres. Actividades esenciales para la vida que siguen sin pagar, sin contabilizarse en los presupuestos y sin reflejarse en las políticas de desarrollo del estado.
Redacción: Yucatánalamano.