Más que una estrategia, la discursiva de Donald Trump sobre la guerra en Irán ha pasado a ser una arriesgada apuesta, la cual no da certezas ni a sus gobernados y, mucho menos, a los mercados.
El pasado miércoles 1 de abril, el presidente de Estados Unidos dio un discurso que el mercado no consideró como una ruta de salida a la crisis energética por la guerra.
Por el contrario, lo dicho por Trump fue percibido por el mercado como meras amenazas, plazos difusos, promesas de fuerza y una idea velada de que Estados Unidos necesita más tiempo para reabrir el estrecho de Ormuz.
En su columna Coordenadas, Enrique Quintana asegura que “los mercados, cuando perciben apuestas en lugar de una hoja de ruta, cobran una prima más alta”.
Mientras analistas financieros sugieren que una guerra abierta podría hundir al mundo, las distintas potencias llaman a buscar la mejor salida a la paz, en tanto el consejo de Seguridad de la ONU no da señales de articular una respuesta.
Aunque Irán no ha cerrado totalmente el estrecho de Ormuz, pues lo administra y solo da paso a países que se han manifestado en contra del ataque de EU, la situación ha provocado una crisis energética que ha golpeado a las economías de Asia y Europa, principalmente.
Los riesgos para México por la guerra en Irán
Este martes 7 de abril se vencerá el límite que Donald Trump puso a Irán para que reabra el estrecho de Ormuz, mientras tanto, en México también se han sentido los efectos del conflicto en Medio Oriente.
“Durante años se asumió que un petróleo caro equivalía casi automáticamente a una buena noticia fiscal. Hoy esa lectura resulta insuficiente. Sí: si el precio del crudo sube, el sector público puede recibir ingresos adicionales por exportación petrolera y eso podría compensar, al menos parcialmente, el costo de reducir el IEPS a las gasolinas para evitar un traspaso completo al consumidor de los mayores precios de importación», analiza Enrique Quintana.
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México podría beneficiarse por los altos precios del petróleo por la guerra en Irán, pero eso atraería otros problemas. (Shutterstock)
Por Redacción
abril 05, 2026 | 14:43 hrs
Más que una estrategia, la discursiva de Donald Trump sobre la guerra en Irán ha pasado a ser una arriesgada apuesta, la cual no da certezas ni a sus gobernados y, mucho menos, a los mercados.
El pasado miércoles 1 de abril, el presidente de Estados Unidos dio un discurso que el mercado no consideró como una ruta de salida a la crisis energética por la guerra.
Por el contrario, lo dicho por Trump fue percibido por el mercado como meras amenazas, plazos difusos, promesas de fuerza y una idea velada de que Estados Unidos necesita más tiempo para reabrir el estrecho de Ormuz.
En su columna Coordenadas, Enrique Quintana asegura que “los mercados, cuando perciben apuestas en lugar de una hoja de ruta, cobran una prima más alta”.
Mientras analistas financieros sugieren que una guerra abierta podría hundir al mundo, las distintas potencias llaman a buscar la mejor salida a la paz, en tanto el consejo de Seguridad de la ONU no da señales de articular una respuesta.
Aunque Irán no ha cerrado totalmente el estrecho de Ormuz, pues lo administra y solo da paso a países que se han manifestado en contra del ataque de EU, la situación ha provocado una crisis energética que ha golpeado a las economías de Asia y Europa, principalmente.
Trump está en arenas movedizas en Irán
Trump está en arenas movedizas en Irán
Los riesgos para México por la guerra en Irán
Este martes 7 de abril se vencerá el límite que Donald Trump puso a Irán para que reabra el estrecho de Ormuz, mientras tanto, en México también se han sentido los efectos del conflicto en Medio Oriente.
“Durante años se asumió que un petróleo caro equivalía casi automáticamente a una buena noticia fiscal. Hoy esa lectura resulta insuficiente. Sí: si el precio del crudo sube, el sector público puede recibir ingresos adicionales por exportación petrolera y eso podría compensar, al menos parcialmente, el costo de reducir el IEPS a las gasolinas para evitar un traspaso completo al consumidor de los mayores precios de importación», analiza Enrique Quintana.
Otro punto sensible serán las exportaciones, pues si la energía cara desacelera en EU, en nuestro país se resentiría con exportaciones más débiles, pues el alivio del petróleo caro llegaría por un lado y por el otro se reflejaría en pérdida tributaria.
Del mismo modo, México podría correr un tercer riesgo, como a nivel mundial, que es la presión sobre los precios de los alimentos, aunado a posible volatilidad financiera y una autoridad con pocos grados de libertad.
“Si en las próximas semanas prevalece la negociación y el tránsito por Ormuz se normaliza gradualmente, el episodio dejará un costo manejable y probablemente transitorio. Pero si Trump sigue lanzando mensajes contradictorios y la crisis se extiende, el impacto dejará de ser sólo petrolero”, refiere Quintana.
Nota original aquí
Fuente: El Financiero