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Península de Yucatán: un bastión de biodiversidad en riesgo creciente

La Península de Yucatán, reconocida internacionalmente por su extraordinaria riqueza natural, reúne selvas tropicales, manglares, sistemas de cenotes y extensas zonas costeras compartidas por México, Belice y Guatemala.

por Luis Carmona
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Este territorio ha sido hogar de una enorme variedad de especies que, a lo largo de miles de años, se adaptaron a condiciones muy particulares como los suelos calcáreos, el clima cálido y delicados equilibrios ecológicos. Sin embargo, este patrimonio natural atraviesa hoy una etapa alarmante: el impacto humano está acelerando el deterioro de sus ecosistemas y empujando a numerosas especies hacia escenarios críticos.

De acuerdo con registros oficiales, en el estado de Yucatán existen cerca de 300 especies clasificadas en algún nivel de riesgo. Las principales amenazas incluyen la destrucción del hábitat, la cacería ilegal y la fragmentación de áreas naturales que antes funcionaban como corredores ecológicos continuos. La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas advierte que aproximadamente 292 especies, entre fauna y flora, enfrentan condiciones que comprometen su supervivencia.

Investigaciones del Colegio de la Frontera Sur señalan que la península alberga 123 especies de mamíferos terrestres. Quintana Roo concentra la mayor diversidad, seguido de Campeche y Yucatán. De este conjunto, al menos 41 especies presentan riesgo de desaparecer, afectadas tanto por factores ambientales como sanitarios. Un problema emergente es la presencia de microplásticos en la cadena alimenticia, que están siendo ingeridos por distintos animales y provocan daños internos y alteraciones en su salud.

El tapir, por ejemplo, figura entre las especies con mayor acumulación de residuos plásticos en su organismo, incluyendo fibras sintéticas, restos de caucho y partículas de pintura, lo que refleja el alcance de la contaminación en ecosistemas aparentemente remotos.

Además, se estima que existen 34 especies endémicas en la región. Entre ellas destaca el mapache pigmeo de Cozumel. No obstante, los grupos más frágiles son los murciélagos, con más de 60 especies, y los roedores, ambos esenciales para procesos como la polinización y la dispersión de semillas.

Aves que pierden su territorio

Las aves de la Península de Yucatán también enfrentan un escenario adverso. La deforestación, la urbanización acelerada y la degradación de humedales han reducido de manera significativa los espacios donde antes prosperaban. Especies endémicas como la matraca yucateca y el loro yucateco han visto disminuidas sus áreas de anidación y alimentación.

El pavo ocelado, emblemático de la región, sufre tanto por la pérdida de selvas como por la caza furtiva. Otras aves acuáticas y terrestres, entre ellas el pato real mexicano y la cigüeña jabirú, padecen la desaparición de manglares y zonas inundables que eran fundamentales para su ciclo de vida.

Para muchas comunidades locales, la reducción del canto y la presencia de estas aves es una señal clara de que los ecosistemas están cambiando de forma acelerada.

Grandes depredadores bajo presión

El jaguar, máximo símbolo de la fauna peninsular, continúa siendo una pieza clave del equilibrio ecológico. Aunque censos recientes indican un aumento poblacional a nivel nacional, la especie sigue catalogada como amenazada. Su futuro depende en gran medida de la creación y conservación de corredores biológicos que conecten áreas naturales y permitan su desplazamiento seguro.

Otros felinos como el ocelote, el tigrillo y el yaguarundí enfrentan riesgos similares, derivados de la pérdida de cobertura forestal y del conflicto con actividades humanas. La desaparición de estos depredadores tendría consecuencias directas en la regulación de otras poblaciones animales.

Reptiles y anfibios en situación crítica

Entre los reptiles, la tortuga de pantano de Yucatán, conocida localmente como Xtuk’is, ejemplifica cómo la alteración de los cuerpos de agua puede poner en jaque a una especie única en el mundo. Su estatus ha empeorado en la Lista Roja de la UICN debido a la reducción y fragmentación de los humedales donde habita.

Situaciones similares afectan a cocodrilos, ranas y salamandras endémicas, cuya supervivencia depende de ambientes húmedos cada vez más presionados por la extracción de agua, la contaminación y el desarrollo turístico.

Un problema de raíces profundas

El declive de la biodiversidad en la Península de Yucatán responde a una combinación de factores: expansión urbana sin planeación ambiental, cambios de uso de suelo para agricultura y ganadería, tala ilegal, tráfico de fauna, contaminación y efectos del cambio climático. Las alteraciones en los patrones de lluvia y temperatura están modificando procesos ecológicos que durante siglos se mantuvieron estables.

Aunque la naturaleza ha demostrado una notable capacidad de resiliencia, los especialistas advierten que existe un límite. Cada especie que desaparece representa una pérdida irreversible no solo para la ciencia, sino también para las comunidades humanas que dependen de estos ecosistemas para su bienestar y su identidad cultural.

Redacción: Yucatánalamano.

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