Por Luis Carmona.
Seattle selló el triunfo con marcador aproximado de 29-13, consolidando una victoria basada en la presión defensiva constante y en un juego ofensivo oportuno que castigó los errores de Nueva Inglaterra durante el partido.
El partido se caracterizó por un ritmo defensivo en gran parte del encuentro. Seattle logró tomar ventaja desde los primeros cuartos con goles de campo y mantuvo el control mientras la ofensiva de los Patriots tuvo dificultades para generar anotaciones tempranas.
Durante el desarrollo del juego, el mariscal Drake Maye lideró la ofensiva de New England en busca de la remontada, mientras que Seattle apostó por un esquema equilibrado encabezado por su ofensiva aérea y terrestre, complementada por una defensiva sólida que limitó las oportunidades rivales.
El encuentro formó parte del evento deportivo más visto del año en Estados Unidos y se disputó en el Levi’s Stadium, escenario que recibió a miles de aficionados en un ambiente festivo y con estrictas medidas de seguridad.
El Super Bowl LX enfrentó a dos equipos que llegaron con campañas sólidas durante la temporada regular, en un choque que generó expectativas por la nueva generación de jugadores en ambos rosters y por el antecedente histórico entre las franquicias.
Además del espectáculo deportivo, el evento incluyó el tradicional show de medio tiempo, manteniendo el carácter cultural y global que distingue al Super Bowl como uno de los espectáculos deportivos y mediáticos más relevantes del mundo.
Con esta victoria, Seattle suma un nuevo trofeo Vince Lombardi a su historia reciente y consolida una temporada que confirmó su protagonismo dentro de la NFL, mientras que New England deberá replantear su proyecto deportivo tras quedarse a las puertas del campeonato.