Los suscriptores de la Oferta Pública Inicial (OPI) de SpaceX, valorada en 75 mil millones de dólares, fueron informados que no deben acertar pedidos de inversores de Hong Kong y China, debido a las restricciones estadounidenses en la exportación de tecnología crítica.
Según las fuentes, los bancos principales que supervisan la operación han comunicado a los demás bancos del consorcio de colocación que no permitan a los clientes de Hong Kong y China, incluidos los clientes de banca privada, realizar pedidos para la oferta.
Según algunas fuentes, la decisión de la empresa de excluir a los inversores de Hong Kong y China continental se basó en las directrices relacionadas con el Reglamento estadounidense sobre el tráfico internacional de armas, en virtud del cual esas jurisdicciones están sujetas a restricciones de distribución.
Goldman Sachs Group y Morgan Stanley, los bancos principales de la operación, no respondieron de inmediato a la solicitud de comentarios. No fue posible contactar con un representante de SpaceX fuera del horario laboral habitual para obtener declaraciones.
SpaceX se niega a vender sus acciones a Hong Kong y China
El viernes, el sitio web de SpaceX fue inaccesible desde Hong Kong y Shanghái, y los intentos de acceder a él resultaron en un mensaje de error que indicaba que la compañía había bloqueado el acceso desde direcciones de Internet de esas ubicaciones.
En los últimos años, las empresas estadounidenses de tecnología e inteligencia artificial se han vuelto cada vez más cautelosas a la hora de aceptar capital de inversores chinos, lo que refleja el mayor escrutinio por parte de los reguladores y los clientes ante los posibles riesgos para la seguridad nacional y la protección de datos.
Las empresas que buscan contratos gubernamentales o que operan en sectores sensibles suelen procurar mantener su base de accionistas libre de inversores que puedan desencadenar investigaciones por parte de las autoridades estadounidenses o generar inquietudes entre los clientes potenciales.
Este cambio contrasta con la década anterior, cuando las firmas chinas de capital riesgo, los fondos de capital privado, las oficinas familiares y los inversores adinerados participaban activamente en las startups de Silicon Valley.
Muchos participaban a través de vehículos de propósito especial y estructuras de fondos en paraísos fiscales que ocultaban el origen último del capital, lo que les permitía respaldar a empresas tecnológicas de alto crecimiento junto con inversores globales.
Sin embargo, a medida que se han intensificado las tensiones geopolíticas entre Washington y Pekín, los fundadores y los suscriptores se han vuelto más selectivos con respecto a las estructuras de capitalización antes de las salidas a bolsa, y algunas empresas están reduciendo activamente o evitando por completo la participación china.
Nota original aquí
Fuente: El Financiero