En conjunto, los migrantes originarios de esta región enviaron 993.1 millones de dólares, una cifra menor a la reportada en 2024 y que significó una reducción regional de 2.5 por ciento, según estadísticas del Banco de México. El ajuste, aunque moderado, rompió una tendencia de crecimiento continuo que se había mantenido durante varios años.
Durante la última década, las remesas han sido un soporte clave para miles de familias yucatecas. Los recursos enviados desde Estados Unidos han permitido cubrir gastos básicos, financiar estudios, construir viviendas y sostener economías locales, especialmente en zonas con limitado acceso a empleo formal. No obstante, el comportamiento observado en 2025 refleja un entorno internacional más complejo y menos favorable para la población migrante.
Yucatán, con desempeño distinto al promedio nacional
En contraste con la caída registrada a nivel peninsular y nacional, Yucatán logró cerrar el año con un incremento en la recepción de remesas. Entre enero y diciembre de 2025, los hogares del estado captaron 462 millones de dólares, frente a los 454 millones de dólares del año anterior, lo que representó un crecimiento cercano al 1.8 por ciento.
Al convertir el flujo a moneda nacional, el ingreso pasó de 7 mil 868 millones de pesos en 2024 a poco más de 8 mil millones en 2025, lo que consolidó a las remesas como un ingreso relevante para la economía estatal, aun en un contexto adverso.
Este comportamiento adquiere mayor relevancia si se considera que 2025 marcó el primer descenso anual de remesas en México en más de diez años, poniendo fin a una racha de incrementos que llevó al país a niveles históricos de captación en 2023 y 2024.
Migración estable y envíos constantes
El desempeño de Yucatán se explica, en parte, por un patrón migratorio distinto al de otras entidades. A diferencia de estados con migración reciente y masiva, el fenómeno migratorio yucateco es de largo plazo y se caracteriza por redes familiares consolidadas, lo que favorece envíos más constantes, aunque de menor crecimiento.
Municipios como Mérida, Oxkutzcab, Tekax y Ticul concentran una proporción importante de los recursos que llegan del extranjero. En la capital del estado, las remesas funcionan como un complemento del ingreso familiar, mientras que en el sur yucateco continúan siendo un eje central de la economía local, tanto para el consumo diario como para proyectos de vivienda y pequeños negocios.
Campeche crece; Quintana Roo retrocede
Dentro de la Península, Campeche también logró cerrar 2025 con cifras positivas. La entidad recibió 175.3 millones de dólares, lo que representó un incremento de 3.5 por ciento respecto al año previo. Aunque el volumen es menor, el comportamiento refleja estabilidad en su base migrante. En términos de pesos, el flujo superó los 3 mil millones.
El caso opuesto fue Quintana Roo, donde las remesas mostraron una caída considerable. Durante 2025, el estado captó 355.8 millones de dólares, casi 40 millones menos que en 2024, lo que implicó un descenso cercano al 10 por ciento. Esta reducción también se reflejó en moneda nacional, con una baja aproximada de 700 millones de pesos.
Especialistas señalan que la fuerte vinculación de la migración quintanarroense con sectores como el turismo y los servicios, caracterizados por alta rotación laboral, hizo más vulnerable a sus trabajadores ante los cambios económicos y laborales en Estados Unidos.
Un entorno internacional más restrictivo
El comportamiento de las remesas en 2025 estuvo marcado por factores externos. El endurecimiento de las políticas migratorias y laborales en Estados Unidos, así como mayores controles y despidos en sectores clave, redujo la capacidad de ahorro de muchos migrantes. La incertidumbre, el temor a deportaciones y las dificultades para acceder a empleo formal impactaron directamente en el envío de recursos a México.
En el caso de Yucatán, la diversificación de actividades laborales y la prioridad por mantener envíos regulares ayudaron a amortiguar el impacto. Sin embargo, analistas advierten que la desaceleración observada es una señal temprana de alerta.
Un sostén que ya no es automático
Aunque las remesas continúan siendo un apoyo fundamental para miles de familias yucatecas, el cierre de 2025 deja claro que su crecimiento ya no puede darse por hecho. El dinero sigue llegando, pero lo hace en un entorno más frágil y con mayores riesgos.
La evolución de este flujo en los próximos años será clave para medir no sólo la estabilidad económica de los hogares, sino también el impacto social en amplias zonas del estado donde, aún hoy, una parte del futuro se construye con recursos enviados desde el extranjero.
Redacción: Yucatánalamano.