“Yucatán ha mostrado un mayor dinamismo relativo, con un crecimiento del 2.4% anual en el tercer trimestre de 2025. Sin embargo, la caída del PIB nacional puede influir en el estado a través de canales como menor consumo y menor inversión”, advierte Javier Becerril García, profesor investigador de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady).
Al alertar sobre las implicaciones de la reciente contracción del 0.8% del PIB de México en el primer trimestre de 2026, el investigador señala que esta desaceleración no se concentra en un solo sector, sino que afecta a las actividades primarias, secundarias y terciarias.
Como informó el Diario en su oportunidad, en el primer trimestre de 2026 en comparación con el de 2025, según estimaciones oportunas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) difundidas a finales de abril pasado, esta caída marcó un debilitamiento generalizado, afectando a los sectores primario, industrial y de servicios.
Entrevistado al respecto, Becerril García explica que el Inegi reporta las caídas trimestrales en todos los sectores: de 1.4% en actividades primarias, 1.1% en secundarias y 0.6% en terciarias.
“A pesar de que la tasa anual del PIB creció apenas un 0.2%, esto apunta más a un estancamiento que a una crisis abierta. Recordemos que, para declarar una recesión, se requieren dos semestres consecutivos de contracción”, resalta.
Desaceleración
El investigador manifiesta que, la contracción de 0.8% del PIB de México en el primer trimestre de 2026 es una señal de desaceleración significativa, la razón de ello es porque no se concentró en un solo sector,
Hay que recordar que se requieren dos semestres consecutivos para hablar de recesión de acuerdo con “National Bureau of Economic Research” (NBER) de Estados Unidos.
El especialista aclara que el impacto de esta caída del PIB en Yucatán no será automático ni de la misma magnitud que a nivel nacional.
En el tercer trimestre de 2025, dice, el Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (Itaee) de Yucatán creció 2.4 por ciento anual, con fuerte avance de actividades primarias, crecimiento moderado de servicios y casi estancamiento industrial.
No obstante, precisa que el dato nacional sí cambia el entorno: menor consumo, menor inversión, incertidumbre por el T-MEC, presiones externas y caída de inversión pública y privada pueden transmitirse al estado por varios canales.
Una de las posibles explicaciones es la relocalización de la inversión nacional y extranjera en áreas más “seguras” sin cobro de piso ni extorsiones; es decir, Yucatán sigue siendo un oasis para la inversión.
Clima de cautela
El especialista asevera que la caída del PIB nacional puede generar un clima de cautela entre empresas y consumidores, lo que podría traducirse en menos compras de bienes duraderos y aplazamiento de proyectos.
“Cuando el PIB nacional cae, la tendencia es que los bancos y desarrolladores actúen con mayor precaución”, apunta.
“Si bien Yucatán cuenta con ventajas comparativas, como la seguridad y atractivos turísticos, también enfrenta vulnerabilidades”.
“La alta dependencia del comercio, los servicios, el turismo y un 54% de empleo informal hacen que el estado sea susceptible a cambios en el ingreso disponible”.
Por eso considera que, si el ingreso disponible se debilita en México, Yucatán lo resentirá por menor demanda turística nacional, compra de vivienda, consumo en comercios y posible retraso de inversiones. El encarecimiento de los energéticos ha subido las tarifas áreas y puede verse mermado en el corto plazo.
Según enfatiza, el sector de la construcción es uno de los más sensibles a las fluctuaciones económicas, debido a su dependencia de precios de insumos importados como el cemento, aluminio, acero, cobre, vidrio tubería, y tasas de interés.
“Si se incrementa la incertidumbre y el riesgo país, los desarrollos inmobiliarios y proyectos comerciales podrían posponerse”, alerta.
También subraya que este sector de la construcción sería el primero de los afectados por ser también intensivo en crédito, permisos, expectativas y preventas.
“Si sube la incertidumbre y el llamado Riesgo-País, se posponen desarrollos inmobiliarios, parques industriales, hoteles, vivienda media y proyectos comerciales. Además, la construcción responde rápido a tasas de interés, costos de materiales y menor inversión pública”, comenta.
El comercio se verá afectado, con una reducción en el gasto familiar que impactará en restaurantes, tiendas y servicios no esenciales.
“En Mérida, esto se traduciría en menor tráfico en plazas y una caída en las ventas minoristas”, explica el académico.
“Si los hogares reducen gasto (o el consumo), los primeros ajustes aparecen en restaurantes, tiendas, autos, muebles, electrodomésticos, ropa y servicios no esenciales”.
“En Mérida, donde el comercio urbano tiene fuerte peso, una desaceleración nacional puede verse en menor tráfico en plazas, centros comerciales, caída en ventas minoristas y menor rotación de inventarios”.
Posible baja turística
Por otro lado, el turismo, fundamental para municipios como Valladolid e Izamal, podría resentir una baja en el gasto de los visitantes nacionales, lo que afectaría a guías, cocineros y trabajadores informales.
“El impacto no será solo en el desempleo abierto, sino en la precarización de los empleos”, puntualiza.
Al entrar en detalles en este punto recuerda que el sector por excelencia es el turismo, pero también es vulnerable, sobre todo en municipios dependientes de visitantes nacionales y de fines de semana. Una economía nacional débil reduce viajes de nacionales, estancias, gasto en restaurantes, hospedaje, tours y transporte. Municipios como Valladolid, Izamal, Progreso, Celestún, Maní y zonas costeras podrían resentirlo si baja el turismo interno y nacional.
Evaluación de impacto
Becerril García exhorta a observar varios indicadores económicos, como la actividad económica estatal, el empleo formal, el turismo y la inversión privada, para evaluar el impacto de esta desaceleración en Yucatán.
“Es crucial que sigamos de cerca estos datos para anticipar posibles repercusiones en nuestra economía local”.
En detalles revela que estos indicadores se pueden observar de la siguiente manera, la actividad económica estatal: el ITAEE de Yucatán, especialmente actividades terciarias (servicios) y secundarias (transformación). Si los sectores de servicios y construcción se desaceleran al mismo tiempo, sería una señal de alerta.
En el empleo formal: Con nuevos registros ante el IMSS, pérdida de empleos en construcción, comercio, hospedaje y restaurantes.
Para el turismo: Estar pendientes de la ocupación hotelera, llegada de visitantes, tráfico aeroportuario, cruceros en Progreso, gasto promedio y reservaciones.
Sobre la construcción e inmobiliario: Revisar el índice de licencias de construcción, venta de vivienda, inventario sin vender, renta de locales, precio de materiales y avance de obra.
Del comercio y consumo: Pendientes de ventas minoristas, restaurantes, supermercados, plazas comerciales, autos nuevos y cartera vencida de crédito al consumo (deudores o morosos).
En la inflación local: Los alimentos, vivienda, renta, transporte y electricidad. Si el ingreso se desacelera y los precios siguen altos, el golpe al bienestar familiar sería mayor.
Inversión privada: Los anuncios confirmados contra proyectos pospuestos; ocupación de parques industriales.
De esta manera, Becerril García destaca la importancia de un análisis detallado de la economía yucateca ante la contracción del PIB nacional, al subrayar la necesidad de estrategias proactivas para mitigar los efectos adversos en el estado.
Nota original aquí
Fuente: Diario de Yucatán