Por Luis Carmona.
Apenas sonó el silbatazo final, las redes sociales se llenaron de comentarios como «siempre es lo mismo», «la decepción mexicana» o «nunca pasamos de donde mismo». Sin embargo, más allá del dolor de la derrota, vale la pena analizar con perspectiva el desempeño del Tricolor y compararlo con sus participaciones recientes antes de emitir un juicio definitivo.
Desde el inicio del certamen, el conjunto dirigido por Javier Aguirre mostró una versión mucho más sólida y competitiva que la vista en los últimos años. México avanzó como líder de su grupo, se convirtió en una de las defensas más confiables del torneo y llegó invicto a la fase eliminatoria sin recibir un solo gol en sus primeros cuatro partidos, una estadística que pocas selecciones pudieron presumir.
Ese rendimiento permitió que el Tricolor avanzara con autoridad a los dieciseisavos de final, donde derrotó 2-0 a Ecuador con anotaciones de Julián Quiñones y Raúl Jiménez. La victoria no solo significó el boleto a los octavos de final, sino que también confirmó que México había recuperado la competitividad que durante varios años pareció perder.
El siguiente obstáculo era Inglaterra, una de las selecciones favoritas para levantar la Copa del Mundo. El encuentro comenzó de la peor manera posible para el combinado nacional. Dos desatenciones defensivas fueron aprovechadas por los ingleses, que marcaron dos goles con apenas 90 segundos de diferencia, obligando a México a remar contracorriente prácticamente desde el inicio.
Lejos de venirse abajo, el equipo respondió con personalidad. Julián Quiñones descontó antes del descanso y, en el complemento, Raúl Jiménez volvió a acercar al Tricolor desde el punto penal. México no dejó de insistir durante el resto del encuentro y generó múltiples oportunidades para igualar el marcador e, incluso, darle la vuelta. Las llegadas constantes por las bandas, los disparos desde fuera del área y varias intervenciones de Jordan Pickford evitaron que el empate llegara. Al final, el marcador de 3-2 reflejó una derrota, pero no un dominio absoluto de Inglaterra.
En redes sociales aficionados hablan sobre las decisiones de Javier Aguirre en este último partido, sacar a tres jugadores importantes que se han llevado los aplausos, cariño, atención y los reflectores del protagonismo en estos partidos en los momentos más decisivos contra Inglaterra, en primera instancia podríamos darles la razón y cuestionar estás decisiones pero que esto no demerite el camino que recorrió la selección mexicana en donde por 4 semanas seguidas el país celebró, festejó, cantó y nos ilusionamos de nuevo.
Y esa es la diferencia con los demás mundiales
En Brasil 2014, México también alcanzó los octavos de final y estuvo muy cerca de eliminar a Países Bajos. El famoso «No era penal» quedó marcado en la memoria de millones de aficionados después de que un polémico penal en los minutos finales cambiara el rumbo del encuentro. Aquel equipo dejó una buena imagen, pero nuevamente se despidió en la misma instancia.
Cuatro años después, en Rusia 2018, el Tricolor ilusionó al mundo tras derrotar a la entonces campeona Alemania en su debut. Incluso terminó la fase de grupos como líder, pero en los octavos de final fue claramente superado por Brasil, que ganó 2-0 y terminó con las aspiraciones mexicanas sin que el equipo pudiera competir al mismo nivel mostrado durante la fase inicial.
La mayor caída llegó en Qatar 2022. México fue eliminado en la fase de grupos por primera vez desde Argentina 1978. El equipo mostró poco poder ofensivo, apenas anotó dos goles en el torneo y dependió de una combinación de resultados para intentar avanzar. Aunque venció a Arabia Saudita en el último partido, la diferencia de goles favoreció a Polonia y el Tricolor se despidió prematuramente, firmando una de las actuaciones más decepcionantes de su historia reciente.
Por eso, colocar al Mundial 2026 en el mismo nivel que Qatar 2022 resulta, cuando menos, injusto. Esta vez México volvió a competir en una fase de eliminación directa, recuperó solidez defensiva, mostró variantes ofensivas y fue capaz de poner contra las cuerdas a una selección considerada favorita para pelear por el campeonato.
Es cierto que el objetivo de trascender más allá de los octavos de final sigue pendiente. Esa barrera continúa siendo una deuda histórica del futbol mexicano. Sin embargo, también es cierto que el rendimiento mostrado en esta Copa del Mundo representa un avance respecto al proceso anterior y deja una base más sólida para el futuro.
Las críticas siempre existirán cuando una selección con la historia y la exigencia de México queda eliminada. Son parte del futbol y de la pasión de una afición que sueña con ver a su equipo entre las mejores selecciones del mundo. Pero reducir toda la participación del Tricolor al resultado final sería ignorar el contexto y el crecimiento que mostró a lo largo del torneo.
Porque sí, México volvió a quedarse en el camino antes de levantar la Copa del Mundo. Pero esta vez no se fue dando una mala imagen ni dejando dudas sobre su nivel. Se despidió peleando hasta el último minuto, haciendo sufrir a uno de los favoritos y demostrando que, después de varios años de cuestionamientos, el futbol mexicano volvió a ilusionar a su gente. Quizá no alcanzó para romper la barrera histórica, pero sí para demostrar que el camino recorrido en 2026 fue muy distinto al de las decepciones recientes.