La economía de la atención y la digitalización han reconfigurado el perfil del «consumidor infantil» en México. En las últimas cuatro décadas, el mercado ha pasado de vender productos físicos y experiencias de libertad no supervisada a gestionar ecosistemas digitales de gratificación instantánea.
Del mercado analógico al ecosistema digital
En 1986, el comportamiento infantil estaba dictado por la escasez. El consumo de medios era lineal: los niños dependían de horarios fijos de televisión y la oferta de juguetes se centraba en productos tangibles con ciclos de vida largos. La socialización era un fenómeno de proximidad física, donde el «gasto» de tiempo se realizaba en espacios públicos.
Para 2026, el modelo se ha invertido hacia la abundancia algorítmica. Hoy, un niño no espera; demanda. El acceso a contenidos vía streaming y plataformas de juego en la nube ha eliminado el concepto de «horario estelar», sustituyéndolo por un flujo constante de micro-estímulos diseñados para retener la atención el mayor tiempo posible.
El nuevo valor de la seguridad y el control
Uno de los cambios más disruptivos se observa en la movilidad. Mientras que hace 40 años prevalecía la autonomía y el riesgo moderado, hoy el comportamiento está marcado por la hiper-vigilancia. Este cambio ha impulsado sectores específicos:
Tecnología vestible: El uso de dispositivos con GPS para el rastreo en tiempo real.
Servicios on-demand: El ocio se ha trasladado al interior del hogar, incrementando el consumo de hardware especializado y suscripciones digitales.
Impacto en el capital humano
Analistas señalan que los niños de hoy desarrollan habilidades técnicas (alfabetización digital e interacción con IA) muy superiores a las de la generación de los 80. No obstante, el costo de oportunidad se refleja en una caída en los niveles de tolerancia a la frustración y una menor capacidad de enfoque prolongado.
El contraste es claro: la infancia de 1986 operaba bajo un esquema de exploración externa e independencia; la de 2026 se define por la inmersión digital y una estructura de vida altamente controlada. Para las empresas y educadores, el reto ya no es proveer información, sino gestionar la calidad de la atención en un mercado saturado.
Por Redacción Yucatanalamano