En el contexto de la conmemoración del Día Mundial del Suelo y de la Tierra Fértil, celebrado el 22 de junio, expertos hicieron un llamado a fortalecer las acciones de protección ante el avance de procesos de degradación provocados por actividades humanas como la agricultura intensiva, la deforestación, la expansión urbana y el uso excesivo de insumos químicos.
Diversos estudios señalan que aproximadamente una cuarta parte de las especies que habitan el planeta desarrollan parte de su ciclo de vida en el suelo. En este entorno, millones de microorganismos y pequeños organismos contribuyen a procesos fundamentales para los ecosistemas, entre ellos la descomposición de materia orgánica, el reciclaje de nutrientes y la purificación natural del agua.
La salud de los suelos también está estrechamente vinculada con la seguridad alimentaria. Se calcula que la gran mayoría de los alimentos consumidos a nivel global depende de terrenos fértiles capaces de sostener la producción agrícola. Cuando estos espacios pierden calidad, disminuye el rendimiento de los cultivos y aumentan los riesgos asociados a fenómenos climáticos extremos.
Desafío para el campo yucateco
En Yucatán, donde numerosas comunidades dependen de actividades agrícolas, forestales y apícolas, la protección del suelo representa un reto de gran relevancia. Factores como la eliminación de vegetación natural, los cambios en el uso del territorio y ciertas prácticas productivas pueden acelerar el desgaste de los terrenos y afectar su capacidad de recuperación.
Los especialistas señalan que la restauración de un suelo degradado puede requerir largos periodos de tiempo, por lo que resulta más efectivo impulsar medidas preventivas orientadas a su conservación.
Entre las recomendaciones destacan mantener cobertura vegetal en los terrenos, fomentar la producción de composta a partir de residuos orgánicos y disminuir la aplicación indiscriminada de agroquímicos que afectan a los organismos responsables de mantener la fertilidad natural.
Aliado frente al cambio climático
Además de sustentar el crecimiento de la vegetación, los suelos cumplen una función estratégica en la captura y almacenamiento de carbono, ayudando a reducir la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
Asimismo, participan en la regulación hídrica al facilitar la infiltración y retención del agua de lluvia, lo que contribuye a disminuir riesgos de inundación y favorece la disponibilidad del recurso para las poblaciones y actividades productivas.
Ante este panorama, especialistas coinciden en que la protección del suelo debe considerarse una inversión a largo plazo para garantizar la seguridad alimentaria, la conservación de la biodiversidad y la resiliencia ambiental de las futuras generaciones.
Redacción: Yucatánalamano.